lunes, 2 de junio de 2014

NADA TENÍA PARA EMPEZAR

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Para empezar sólo necesitaba que el sol 
tuviera un rayo de más para acariciarla. 
Una ligera brisa que se estampaba como un beso, 
dulce y pegajosa, 
igual que esos labios que aún recuerda... 
y que, a veces, sólo piensa... 
Tener una mirada corta o una palabra de más, 
profundizándose en su interior... 
Esa mirada con alma, 
que ahonda dentro de ella y se lleva su esencia, 
para luego encontrarla entre los sueños 
cuando vienen a recortarse entre su almohada y su pensar. 
Nada tenía para empezar, 
más que unas manos vacías 
que iba llenando con aquellas sonrisas que parecían haces de luz... 
Llevando colores al cielo, 
cubriendo un sentimiento para volver a creer... 
Por eso empezaba otra vez, 
aunque con otras sensaciones, más claras, 
y aquellos sonidos que un día se apagaban 
y que volvía a entonarse entre ellos...