lunes, 9 de junio de 2014

NACÍA LA ESPERANZA

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Nada se veía entre esa niebla que rodeaba su cuerpo, y exhalaba un hálito de fuego desde dentro, entre los poros de su piel y los sentimientos que albergaba. 

La ropa se le pegaba al cuerpo, mientras corría y deseaba verlo pasar entre la gente. 

Nada se intuía en esa tarde quieta y vívida en la que se encontraba así misma. 
Le buscaba anhelante para soñarle una noche más, para poder ver su mirada perdida entre las hojas de los árboles... ya casi llegando al otoño de su vida. 

Nacía la esperanza de comprender el por qué de sus sueños con él. Entre todo lo que conocía y lo que había vivido, él formaba parte de sus sombras y sus luces. 

Aparecía entre los árboles y la niebla un rayo de luz, que iluminaba su cabello, corto y varonil, como dorado y sutil... Y su alta figura que paseaba sin saber que ella estaba allí, esperando... 

Toda la magia del momento se fundió entre sus dedos, cuando al pasar ella intentó tocarlo. Una ráfaga de tiempo que se detuvo en ese instante, en el que pudo sentirle. 

Escuchando el palpitar de su corazón y cómo desde su garganta se formaban las palabras que ella quería para sí, y que él jamás pronunciaba... Palabras mudas en las que se reflejaban el sentir imaginado de dos seres predispuestos a pasar, de la nada a un todo. 

Tal vez mañana sea el día en el que por fin se encuentren en la misma dimensión, su lado físico y el cuerpo pensante de dos seres dispuestos a empezar una nueva historia para que luego... yo... pueda contarla de alguna manera.


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