jueves, 3 de julio de 2014

PERRO-GRANDE Y PERRO-PEQUEÑO

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Érase una vez un perro, grande, grande… de éstos que tienen muchísimo pelo, largo y liso; y un morro alargado… 
Trotaba feliz por el Parque, cerca de su amo… Aquí se paraba a olisquear curioso, allí metía la nariz entre los arbustos intentando descubrir lo que se escondía detrás… Era un perro feliz y se notaba por cómo corría y saltaba…

Pero, por otro lado… érase una vez un perro, pequeño, pequeño… de éstos que no tienen casi pelo, con las orejas inhiestas y el hocico siempre en postura de gruñir… Corría por el parque metiéndose por todos los huecos que le permitía su pequeño cuerpo, buscando algo que mordisquear, arañar o ladrar… Se paraba de repente, y se quedaba estático, como escuchando lo que la tarde tendría para él… Era un perro desconfiado y arisco… siempre de mal humor y deseoso de buscar pelea allí por dónde iba…

Y vete tú a saber por qué… la vida de estos dos perros se cruzaron en un momento de sus vidas, allí… en el Parque, cada uno con su amo, cada uno en sus cosas…

Perro-pequeño en seguida se percató de la presencia de Perro-grande. No así éste, enfrascado en averiguar cuántos pétalos tenía una flor amarilla en un arbusto… 
Perro-pequeño se acercó rápidamente y con ganas de pelea, con la cabeza bien alta y las fosas nasales abiertas de par en par a la búsqueda de la guerra y el enfrentamiento… Se colocó justo bajo Perro-grande, que ni si quiera vio lo que se le venía encima… o más bien debajo…

La situación se volvió de lo más tremenda: Perro-pequeño miró hacia arriba y notó cómo dos bolas grandes y peludas se columpiaban encima de su cabeza, sin entender muy bien qué eran y qué hacían allí… 
Perro-grande, empezó a sentir cómo un aliento le acariciaba sus “bajos fondos”… 

Nadie vio venir la tragedia… En una ráfaga de segundo, Perro-pequeño sacó uno de sus puntiagudos colmillos mientras gruñía intermitentemente… y con un rápido movimiento, cerró su mandíbula, con todos sus dientes en disposición, en pos de aquellas bolas peludas que lo amenazaban de alguna manera…


El aullido de dolor se escuchó y retumbó en todo el Parque… Llenando de lamentos y lágrimas el aire cálido de aquella tarde de verano en el que Perro-grande ya no volvió a ser el mismo nunca más…

Y cada vez que alguien pasa por aquel paraje, jura que de vez en cuando, aún se escuchan entre el movimiento de las hojas de los árboles, junto a las ráfagas de viento, el alarido de Perro-grande, que llora amargamente de dolor y que quedó impregnado entre aquel camino de tierra y las lágrimas de un perro eunuco...

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